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Lo que se puede contar

Soy Mariel (Maru para prácticamente todo el mundo), estoy pronta a cumplir tres décadas de vida y nací en Buenos Aires.

 

Por algún lado andan dos diplomas que cada tanto intento sacarles el polvo, pero que ninguno todavía terminó de convencerme. El primero –el que más esfuerzo costó– dice que soy traductora de inglés, pero yo siempre lo sentí como la excusa perfecta para explicarle a mi familia mis ganas constantes de viajar y conectar con el resto del mundo. El segundo –el que más disfruté– asegura que soy correctora literaria, pero lo único que logró fue que me obsesionara cada vez más con la gramática y, al mismo tiempo, me hiciera escribir menos (puedo pasarme horas pensando si puse bien una coma, y eso no es bueno). Aunque también fui maestra, librera, cajera, vendedora, recepcionista, bartender, jardinera, pintora, carpintera, moza, y podría seguir contando…

 

Viajo con la imaginación desde muy chica, pero recién de grande pude transformar ese juego en algo concreto. La primera vez que viajé fuera del país fue a Perú en 2014, y ahí confirmé que viajar era lo que quería hacer. Un par de meses más tarde, tomé la decisión que, hasta el día de hoy, más me enorgullece: renuncié a mi trabajo en Buenos Aires. Algo en mí había cambiado. Me corté el pelo bien cortito y saqué una visa de trabajo para ir a morirme de frío a Colorado durante una temporada de invierno. Volví completamente transformada; con el pelo un poco más largo y con la noticia de la muerte de mi papá todavía latente. Ese viaje marcó un antes y un después; literal. Volví a casa, junté coraje y otra vez agarré la mochila. Redoblé la apuesta y saqué otra visa de trabajo pero por más tiempo y me fui sola a Dinamarca. En una isla remota del mar Báltico, me reencontré con un viejo amigo y, desde aquel abril de 2016, unimos nuestros caminos y continuamos la aventura juntos. En 2017, nos fuimos a vivir un año Francia. Volví a sentir el vacío cuando otro duelo tocó la puerta de nuestra casa en Niza.  


Con todo lo malo y todo lo bueno que nos vivimos durante los viajes, llevamos recorridos más de 30 países.

Desde mayo de 2018 estamos en Buenos Aires, recobrando energías, tomando aire, renovando la cabeza. Proyectando y planificando cual Pinky y Cerebro, porque las ganas de viajar aún no se agotan.  

 

Lo que no debería contar

Allá lejos quedó la versión estirada, estresada y hasta conservadora que solía ser; aunque de tanto en tanto viene a hacerme sombra. Me peinaba para atrás y andaba en tacos (siempre chueca y a los tropezones). Ya no; ni me peino tanto ni tolero más esos zapatos. Amaba jugar a los Power Rangers y tener la excusa para pegarle a mi hermana menor. En el jardín, elegía ser una tortuga porque era fanática de las Tortugas Ninjas. Antes tenía linda letra. Solía escribir cuadernos y anotar el minuto a minuto de cada viaje. Fui a más congresos de la lengua que recitales. La jirafa es mi animal favorito. Tengo un segundo estómago para lo dulce. Tomo cada vez más té. El olor del orégano es mi droga preferida. Me encantan los Beatles y Monet.

 

Amo las vistas panorámicas pero me da vértigo las alturas. Adoro la sensación de volar pero le tengo miedo a los aviones. Dormir (al igual que para mi mamá) es uno de los mayores placeres. Tengo pesadillas y puede que me despierte a los gritos sin saber dónde estoy. Netflix está acabando con mi vida. Paso horas mirando series o películas y me miento a mí misma diciéndome que es para practicar algún idioma. Soy más introvertida de lo que parezco; me cuenta arrancar la conservación. Puedo hacer análisis sintáctico de oraciones complejas solo por hobby. Dos más dos son seis, todavía no aprendí a sacar porcentajes y, a veces, cuento con la ayuda de mis dedos. Tengo más libros que ropa. Dibujar siempre fue la terapia más barata que puede pagar. Soy una ojota para cualquier deporte. He sido apodada Katraska en honor a mi torpeza y distracción. Me da miedo pensar en aliens, payasos o mi tía enojada. No me gustan los bichos pero puedo pasarme un buen rato mirando una hormiga. Soy una constante ponedora de excusas. Tengo algunas obsesiones con el orden pero soy también muy desorganizada. Puedo pasar un día entero con hipo y si me río, te muestro todos los dientes y me escuchan hasta en La Quiaca. Nunca aprendí a andar en bicicleta sin caerme o golpearme. Sin Nacho, sería aún más neurótica. Juego a hacerme la grande pero no me sale; soy una niña eterna.

 

Sobre el Blog

Ciclos Viajeros anda dando vueltas en mi cabeza desde hace años. Allá por el 2014, en aquel primer viaje inaugural, comencé un ciclo que recién hoy, mucho tiempo después, puedo terminar (¿o empezar?). La humilde idea de compartir anécdotas o experiencias se fue intensificando de manera tal que, en este momento, ya más que un mero compartir es, más bien, una imperiosa necesidad de hablar, liberar y procesar. Hay quienes dicen que cada nuevo ciclo –cada nueva etapa– inicia con un primer paso. Este es el mío. Les propongo que juntos recorramos los diferentes ciclos que atravesamos a la hora de emprender un viaje. No hay principio, no hay final; no hay buenas o malas decisiones. Pueden arrancar por donde más les guste: el fin de una etapa es el inicio de una nueva.

 

Entonces, ¿qué van a encontrar acá?

 

Si están en la etapa de planificación y tienen algún viaje programado, la idea o el sueño de hacer alguno pronto (o no), les propongo que arranquen con la sección CICLO PRE VIAJE. Acá van a encontrar información sobre cómo viajar con bajo presupuesto, por qué es fundamental contratar un seguro médico, consejos para viajar con equipaje chico (y no morir en el intento), datos sobre trabajo voluntario, guías prácticas para conseguir visas de trabajo en distintos países y mucho más.

 

Si, en cambio, tienen la dicha de que este espacio los encuentre ya viajando y necesitan datos concretos sobre destinos, ciudades que visitar, dónde dormir o qué hacer en tal lugar, pues entonces querrán darse una vuelta por la sección CICLO DE VIAJES, donde van a encontrar guías prácticas sobre los destinos que conocí agrupadas por continente y por país.

 

Y, si andan en la misma que yo ahora, y acaban de volver de un viaje y necesitan lidiar con el regreso a casa, los invito a que lean la sección CICLO POST VIAJE, donde van a encontrar, principalmente, reflexiones y anécdotas personales, desahogos y recomendaciones para lograr que el ciclo “de viaje” vuelva a empezar.

 

Y… ¡auuuuún hay más!

 

La sección PIEDRA LIBRE es –o intenta ser– una especie de popurrí de temas y anécdotas que nos divierte (y acá hablo en plural porque el que más lleva la posta de este espacio es Nacho) contar y recordar. Por ejemplo, esos personajes que se nos cruzaron en el camino y quedaron grabados en la memoria de algún lugar; o alguna que otra situación bizarra que vivimos en donde las palabras incendio, hundimiento y muerte son moneda corriente…

 

Bienvenid@s a este nuevo ciclo… ¿nos acompañan?